Nombres de perras
Ciento dos nombres de perras, repartidos en seis listas para que vayas directo al tipo que buscas. Cada nombre lleva una nota sobre de dónde sale y a qué perra le va bien, y la lista de los más puestos dice de qué datos salen los números en vez de pedirte que te fíes.
102 nombres de perras, en seis listas
Salta directamente a la lista que quieras. La de los más repetidos es por donde empieza casi todo el mundo, las dos de tamaño importan más de lo que parecen, y en las tres últimas están los nombres que no tiene nadie.
Los nombres de perra que más se repiten
En México los diez que más aparecen son Luna, Nala, Maya, Kira, Mila, Lola, Nina, Molly, Mía y Canela, según los datos de usuarios de Cuidamimascota, y en España Rover da Luna, Nala, Kira, Lola, Bimba y Mía. De esas dos listas salen estos diecisiete.
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Tercero en la lista mexicana y de los pocos nombres de perra que funciona igual de bien en los dos lados del Atlántico. Dos sílabas abiertas, sin una sola consonante dura, y aun así se oye desde lejos por la ye del medio.
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Quinto en la lista mexicana. Es corto, se dice de un tirón y no se parece a ninguna orden que le vayas a enseñar, que es la primera cosa que hay que mirar en un nombre.
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Dos sílabas iguales, que es la forma que una perra distingue antes que ninguna otra dentro de una conversación normal. Es el diminutivo de media docena de nombres largos (Antonina, Catalina, Cristina) y hace mucho que se usa suelto.
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Un nombre inglés que en México se puso solo, sin que nadie lo tradujera. La doble ele le da un rebote que Mia o Nina no tienen, y le va bien a una perra que no para quieta.
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Décimo en la lista mexicana y el mejor nombre que existe para una perra de pelo rojizo o color miel. Describe el color sin decir la palabra color, que es siempre la manera elegante de hacerlo.
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De los seis que Rover da para España, y allí es mucho más común que en América. Tiene dos bes que cortan el aire, así que se oye en un parque lleno de gente sin tener que gritar.
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En la Eneida, Camila es la guerrera que corría tan rápido que no doblaba las espigas al pisarlas. Tres sílabas es mucho para llamar, así que en casa se convierte en Cami el primer día.
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La montaña de arena que el viento mueve de sitio, y un nombre precioso para una perra de color claro. Dos sílabas, una ene en medio y una a final abierta, que es casi la receta.
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La hija de Simba y Nala en la segunda película de El rey león, que es de donde le viene el tirón. Es una ka inicial fuerte con una terminación suave detrás, y se distingue bien de Kira.
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Victoria en griego, la palabra de la que sale Niké. Es cortísimo, lleva una ka seca en medio que corta el aire y no se parece a nada de lo que digas en casa todos los días.
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Vida en griego, y se escribe igual en español que en inglés. La zeta inicial es un sonido raro en un nombre de perra y por eso destaca entre el ruido de fondo de un parque.
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Suena a nombre de persona sin ser el de nadie de la familia, que es justo el punto medio que mucha gente busca. Dos aes abiertas, fácil de gritar y difícil de confundir.
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La ciudad, y también la película mexicana que le puso el nombre de un barrio a medio país. Dos sílabas con una erre delante, que es de los sonidos que mejor localiza un perro.
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Un nombre de persona corriente en España y en México que se ha ido pasando a las perras sin que nadie lo decidiera. Es corto, redondo y no envejece, que en un animal de quince años importa.
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Diminutivo ruso de Alejandra, unisex allí y de perra en casi toda América. La che del medio es un sonido que atraviesa el ruido mejor que cualquier vocal.
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Morena en italiano y en portugués, y muy usado en Cataluña y en Brasil. Le queda bien a una perra oscura sin ser tan literal como llamarla Negra o Morena.
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Corto para Margarita en alemán, y por lo tanto perla en el fondo. Empieza con ge y erre pegadas, que es un arranque duro y clarísimo para un oído canino a media calle.
Para una perra pequeña
Un nombre que le queda bien a una gran danesa casi nunca le queda bien a una chihuahua. Estos son para el extremo pequeño: cortos, agudos y con el golpe al principio, y ninguno va a sonar ridículo cuando tenga ocho años y siga pesando tres kilos.
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El nombre clásico para la perra diminuta en toda América, y no se lo pone nadie a una grande. Tiene una ele y una ge pegadas, que es una combinación que se oye entre el ruido.
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En México y en España se le dice chata a quien tiene la nariz aplastada, que es literalmente la cara de un pug o de un shih tzu. Es cariñoso y de barrio a la vez.
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El diminutivo hace todo el trabajo. Perla sola suena a perra grande y elegante; con el sufijo se convierte en un nombre para una cosa pequeña, blanca y muy segura de sí misma.
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Lo que se le dice a una niña pequeña en medio continente, puesto tal cual. Dos sílabas iguales con la ene en medio, que es de lo más fácil que hay para que lo aprenda.
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Directo, sin adornos y muy español. Tiene la ventaja rara de que sirve desde el primer día, porque una cachorra ya es peque y una perra pequeña lo va a seguir siendo siempre.
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Para la perra redonda, la que se enrosca en el sofá y desaparece dentro de una manta. Es un nombre que describe una postura y no un color, así que no se queda anticuado.
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Mexicanísimo, con esa ese final que en España casi no se usa para hacer diminutivos cariñosos. Es alegre, corto y suena a que la perra manda en la casa, cosa que suele ser cierta.
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Dos pes que cortan el aire limpio, y una palabra que en España es la semilla de girasol y en México el camión cisterna que reparte agua. Se grita fatal enfadada y perfecto contenta.
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De Guadalupe, y probablemente el diminutivo más querido de México. Ponérselo a una perra chiquita es una broma cariñosa que se entiende en todo el país sin explicar nada.
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Para la perra blanca y de pelo largo, un bichón o un maltés, que es literalmente lo que parece cruzando un salón. Dos sílabas suaves y una be en medio que las separa bien.
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Para la que se pone delante de las visitas hasta que alguien la mira. Es una palabra que existe en español desde hace siglos y describe un carácter, no un tamaño ni un color.
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Dos sílabas idénticas con dos tes, que es el sonido más recortado que puede tener un nombre. En Puerto Rico titi es como se llama a la tía, así que allí hace doble gracia.
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Se escribe con ka porque así se ve corto, y suena a juguete de cuerda. Es de los pocos nombres de esta lista que se puede decir en voz muy baja y aun así se oye.
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Chispa a secas ya se usa mucho; el diminutivo lo baja de tamaño sin quitarle la energía. Es para la perra pequeña que sale disparada en cuanto se abre la puerta.
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La mancha de la piel, y un nombre precioso para una perra blanca con un lunar en la cara o en la oreja. Dos sílabas, una ka en medio y nada que confundir con una orden.
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Pequeño, redondo y limpio, y una de esas palabras corrientes que casi nadie usa como nombre. Termina en a abierta, que es la vocal que más lejos llega dicha a voces.
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Suena a persona mayor de la familia puesta en un cuerpo de dos kilos, y ahí está toda la gracia. Además es de los nombres más fáciles de pronunciar que hay en español.
Para una perra grande
Para las razas grandes y para las pequeñas que se comportan como si lo fueran. Una pastora, una rottweiler o una gran danesa aguanta un nombre con aristas, y además un nombre con consonante al principio y al final atraviesa el viento mucho mejor que uno blando.
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De la serie noventera de la princesa guerrera, y la equis inicial hace que ninguna otra perra del parque levante la cabeza. Se pronuncia con ese, no con jota, aunque la escriba así.
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La palabra española exacta para un animal que impone, y se usa igual en broma que en serio. Tiene la erre en medio, que es el sonido que un perro localiza a más distancia.
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Las Furias romanas perseguían a quien había roto un juramento y no paraban nunca. Es un nombre corto y dramático, y le queda mejor a una perra tranquila que a una nerviosa.
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Un cargo en vez de un nombre, y por eso resulta gracioso puesto a un animal que duerme dieciséis horas. Se oye desde muy lejos por el diptongo, que es abierto y suena alto.
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La emperatriz rusa, y en español se forma con el sufijo -ina, que se le aplica a poquísimas palabras. Tres sílabas con una zeta al frente, y en casa se queda en Zari sin remedio.
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El rayo, la chispa que salta, y una palabra que en español lleva siglos significando velocidad. Le va a la perra grande que corre mucho más rápido de lo que su tamaño promete.
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Por el tigre y por la luz de bengala a la vez, que son dos imágenes que empujan en la misma dirección. Tres sílabas duras, y es un nombre que casi nadie tiene puesto.
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Un título con mucha pompa, y en español se le ha puesto a más perros que a personas desde siempre. Suena a alguien que espera que le abran la puerta y le sirvan el agua.
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Tiempo y no mitología, y se lo gana ella sola si baja las escaleras como si se cayera un mueble. Las dos tes le dan un corte muy limpio dicho a voces en el campo.
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El país, y de paso uno de los sitios donde de verdad hay leones. Se escribe con ka y eso lo hace más rotundo, y son dos sílabas que suenan más largas de lo que son.
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Se le atribuye origen árabe y se oye bastante en el sur de España. Tiene una zeta inicial y un diptongo abierto detrás, así que es corto, sonoro y no se parece a ninguna otra cosa.
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Directo al grano, sin escoger deidad ninguna, que evita tener que explicar la referencia cada vez. Es una broma sobre la jerarquía real de la casa y todo el mundo la entiende.
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El adjetivo español para el animal que no se arredra, el mismo de costa brava y de toro bravo. Dos sílabas con be y erre juntas, que es una combinación dificilísima de no oír.
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Lo obvio dicho bien. Le queda especialmente bien a una perra grande de pelo leonado, un mastín o una rhodesian, y en casa se acorta a Leo sin ningún problema.
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La armadura que cubre el pecho, y un nombre para la perra ancha y maciza que se planta delante de la puerta. Es una palabra rara como nombre y ahí está la mitad de su valor.
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La diosa griega del matrimonio y esposa de Zeus, y la que más tiempo guarda rencor en las historias en las que sale. Dos sílabas, la hache no suena y queda un nombre limpísimo de decir.
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Dos sílabas, una erre al principio y una ka en medio: sobre el papel es de los nombres más audibles que hay. Para la perra grande que no se mueve del sitio ni empujándola.
Nombres de persona, que es a donde ha ido la moda
Ponerle a un perro el nombre de una persona es la costumbre moderna dominante, y la versión graciosa es la que se salta dos generaciones. Todos los de aquí son nombres de abuela, de España o de México, y cada entrada dice de dónde sale y qué significaba.
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Del monte Carmelo, en Israel, por la advocación de la Virgen del Carmen. Es un nombre de abuela andaluza puesto entero, y funciona porque suena a alguien con opinión propia.
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Diminutivo de Francisca por el camino largo, que en español es el de Paco. Tiene una ka en medio que corta, y es imposible decirlo enfadada sin que suene un poco a broma.
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De la Virgen del Consuelo, y la palabra significa exactamente eso. Es un nombre largo para llamar, así que en casa se queda en Chelo, que es un nombre distinto y también bueno.
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Otra advocación mariana, y de los nombres españoles más en desuso que existen. Puesto a una perra recogida de la calle tiene además un sentido literal bastante bonito.
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De la Virgen de las Nieves, y el nombre perfecto para una perra blanca sin caer en llamarla Blanca. Termina en ese, que es un sonido que los perros distinguen muy bien.
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Femenino de Manuel, del hebreo Emmanuel, dios con nosotros. Es serio, largo y de otra época, y por eso resulta divertidísimo dicho a un cachorro que se acaba de caer.
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La sarta de cuentas para rezar, y un nombre que en México se abrevia a Chayo y en España a Charo. Los dos diminutivos son mejores nombres de perra que el original entero.
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De la Virgen de los Dolores, y de ahí sale Lola, que está entre los cinco nombres de perra más puestos en España según Rover. El original entero es el que ya no se atreve a usar nadie.
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Corto de Encarnación, y en México el mismo nombre da Chona. Lleva una ka en el centro y una erre detrás, y eso la hace facilísima de reconocer desde el otro lado del parque.
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Del germánico Ermin, un nombre de dios antiguo, y hoy no se lo pone nadie a nadie. Esa es la razón entera para elegirlo: no va a haber otra en el parque en toda su vida.
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Femenino de Pedro, del latín petra, piedra. Es corto, duro y termina en a, que es la combinación exacta que mejor oye un perro, así que además funciona técnicamente.
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Del germánico, consejo y protección, y un nombre que arrastra un aire de señora que no se anda con tonterías. Le queda perfecto a una perra grande y muy seria.
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El diminutivo mexicano de Rosario, y de los apodos más cariñosos que hay en el país. Dos sílabas con che, que es el sonido que mejor atraviesa el ruido de una calle.
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De Guadalupe, el nombre más mexicano que existe, y sirve para hombre y para mujer. Es cortísimo, se grita con una sola respiración y todo el mundo lo entiende al vuelo.
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Diminutivo de Francisca por la vía mexicana, la de Pancho. Lleva una che y una te en la misma palabra, así que es de los nombres más audibles de toda esta página.
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Del germánico berht, brillante, y se escribe con hache en México y sin ella en España. Es un nombre pesado y antiguo, y ahí está la gracia puesto a una perra pequeña.
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El nombre más improbable de la lista, del griego eustachys, bien espigado. Es larguísimo y nadie lo va a decir entero, pero Taqui es un nombre de perra excelente.
Flores, árboles y tiempo
La mitad de estas plantas llevan el apellido de un botánico de verdad, y por eso esta sección trae más historia que las otras. Un nombre de planta le da a una perra algo que ser en vez de un color con el que hacer juego, y envejece mejor que una broma.
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La flor nacional de México desde 1963, y lleva el apellido del botánico sueco Anders Dahl. Dos sílabas limpias y una ele en medio, y es de los nombres de flor que mejor se gritan.
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El lirio blanco, y la palabra viene del árabe as-susana. Es larga para llamar, pero tiene una zeta y una ce que la hacen sonar afilada pese a lo dulce que es la flor.
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La flor roja de los trigales, y una palabra que también llegó al español desde el árabe. Cuatro sílabas que se dicen rodadas, y en casa se convierte en Ama o en Pola.
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Del persa yasamin, por la vía del árabe, y la flor blanca que huele de noche más que de día. La ene final acentuada corta la palabra en seco, que es lo que se oye desde el otro lado del jardín.
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La planta y el color a la vez, del latín malva. Es corto, poco usado y suena suave sin ser cursi, que es un equilibrio que casi ningún nombre de flor consigue.
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La planta que trepa por cualquier cosa que se quede quieta el tiempo suficiente, que es una descripción bastante justa de una cachorra. La hache no suena y queda un nombre nítido.
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La flor y el color, y en español es además un nombre de persona corriente, cosa que en inglés no pasa igual. Le va bien a una perra pequeña de pelo oscuro y ojos claros.
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La diosa romana del amanecer, que abría las puertas del cielo para que saliera el sol. Tres sílabas con dos erres, así que se oye desde el otro extremo de un campo.
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Lleva el apellido del naturalista escocés Alexander Garden, no el de un jardín, aunque lo parezca. Es una flor blanca de olor fortísimo y un nombre poco visto en un animal.
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Por Pierre Magnol, el botánico francés al que se le atribuye la idea de agrupar las plantas en familias. Cuatro sílabas, así que en casa acaba siendo Nola, que ya es otro nombre.
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Por Georg Joseph Kamel, el jesuita que catalogó plantas en Filipinas. Es elegante, casi nadie se lo pone a una perra y se acorta a Cami sin perder nada por el camino.
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La enredadera morada de medio México, y lleva el nombre del navegante francés Bougainville. Son cinco sílabas imposibles de gritar, y por eso todo el mundo dice Bugan.
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La flor en bola, y también un nombre de persona antiguo que viene del latín hortus, huerto. Le queda bien a una perra grande y lenta que ocupa media entrada de la casa.
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El arbusto de flor morada y el color, del persa lilak por la vía del árabe. Dos sílabas suaves y simétricas, de las más fáciles de aprender que hay en toda esta página.
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El arbusto amarillo que aguanta el secarral castellano sin una gota de agua. Es una palabra bonita y áspera a la vez, y no se la vas a oír a nadie más en el parque.
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No es una flor sino todas juntas, y suena a sitio en el que meterse y no salir. Tiene ele y uve pegadas, una combinación rara en español que la hace muy reconocible.
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La niebla fina de la mañana, y el nombre exacto para una perra gris de pelo suave. Empieza con be y erre juntas, que es lo que mejor localiza un oído canino a distancia.
Nombres de comida y de dulce
Los nombres de comida se han comido el resto en las perras pequeñas, y los que funcionan son los concretos: Galleta no dice nada, Piloncillo sí. Un aviso antes de bajar, porque varias de estas cosas no puede comerlas ella: el chocolate y la uva son tóxicos para un perro.
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Una sola sílaba con diptongo, de lo más corto que se puede poner, y el color exacto de una perra dorada. Se dice igual en toda América y en España, cosa que no pasa con todo.
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Corto, seco y con zeta al final, que es un sonido que corta el ruido de fondo mejor que cualquier vocal. Le queda bien a una perra marrón de tamaño mediano y aspecto duro.
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Verde, fresco y con dos consonantes en medio que se oyen a distancia. Es de los pocos nombres de comida que no suena a postre, así que aguanta bien en una perra seria.
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En México fresa significa además pija o presumida, así que el nombre lleva un chiste dentro que en España no se entiende. Vale la pena saberlo antes de ponérselo.
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Tres sílabas con dos pes y una ye, todo abierto, y suena a trópico entero. Ojo, que en Cuba la palabra tiene otro sentido bien distinto, así que allí no es la mejor idea.
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La fruta rosa por dentro y verde por fuera, y una palabra que el español tomó del taíno. Son tres sílabas rodadas y se abrevia a Guaya sin ningún esfuerzo.
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Dos sílabas, una ge dura en medio y una o final que llega lejos. Es de los nombres de fruta que mejor le quedan a un macho, así que en una hembra resulta inesperado.
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En España se hace de chufa y en México de arroz, y son dos bebidas que no se parecen en nada. El nombre le va a una perra blanca, que es el color de las dos versiones.
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Lo que en América se llama crema, así que el nombre es de España de la primera a la última letra. Dos sílabas planas y una a final abierta: cortísimo y facilísimo de aprender.
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La única palabra de esta lista con tres consonantes seguidas en medio, y eso la hace inconfundible dicha a voces. El color es además el de muchísimos perros mestizos.
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En España es la pasta de almendra de Navidad y en México el dulce de cacahuate que se deshace al tocarlo. El acento final le da un golpe seco que se oye desde muy lejos.
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El dulce de leche de cabra mexicano, y una palabra que en Argentina y en Uruguay significa una grosería. Es un nombre precioso para una perra color caramelo y muy local.
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La semilla, del náhuatl chian, y una planta que se cultiva en México desde antes de la conquista. Son dos sílabas con tilde en la i para que se separen, y es cortísima de decir.
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La fruta del cactus, rosa por fuera y con motas negras por dentro. Es una palabra de origen taíno que México adoptó, y un nombre que no vas a oír en ningún parque.
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Va aquí porque es lo que la gente pone de verdad, no porque sea original. Tiene la ventaja tremenda de que ella ya sabe qué es una galleta antes de saber cómo se llama.
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Roja, redonda y con dos ces que suenan distinto en España y en América. Es de los nombres de fruta más usados en español y aun así queda bien, cosa que no siempre pasa.
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El cono de azúcar de caña sin refinar, que en México se llama así y en Colombia panela. Son cuatro sílabas, así que Pilon es lo que vas a gritar de verdad en la calle.
O que lo decida el generador
Sirve para desempatar, no para responder. Si dos nombres de las listas de arriba están igualados, pulsa generar y mira si alguno de los que salen de las listas de palabras de esta página lo resuelve.
Esto hace otro trabajo y merece una pulsación: una perra con papeles tiene dos nombres, el de llamarla, que está en las listas de arriba, y el largo del pedigrí. Esto arma el segundo. Número de tanda 675272
¿Qué nombre le pongo a mi perra?
Elige una o dos sílabas con alguna consonante fuerte dentro, porque es lo que ella oye desde el otro lado del parque. Después mira el tamaño: un nombre grande le queda enorme a una chihuahua y uno diminuto suena ridículo en una mastina. Y dilo en voz alta antes de decidirte.
Poner nombre a una perra es más difícil que ponérselo a un gato por una razón práctica: a la perra hay que gritarle. El nombre de un gato se lee más veces de las que se dice, mientras que el de un perro se usa a volumen, de lejos, con viento, delante de desconocidos y varias veces al día durante diez años. Las seis listas de arriba están hechas con eso en la cabeza.
El tamaño cambia la respuesta más que ninguna otra cosa
El corte más útil de esta página es el que separa la lista de las pequeñas de la de las grandes. Una gran danesa llamada Bolita es un chiste que se agota en una semana, y una chihuahua llamada Coraza es el mismo chiste al revés. Si tu perra está en el medio, que es donde están casi todas, tira de los nombres de persona o de los de planta: le quedan bien a una labradora o a una podenca sin decir nada de su tamaño.
El nombre de llamarla y el del pedigrí no son el mismo
Si viene con papeles, tiene un nombre largo que puede ocupar cinco palabras y un nombre de casa, que es al que responde. El criadero pone su afijo detrás con un de, y el resto es invención. Eso es lo que arma el generador que hay bajo las listas, y no es una segunda lista de nombres cortos a propósito: esa ya la tienes arriba.
Aquí no vale traducir del inglés
Nadie llama Daisy a su perra en Guadalajara. Las listas de esta página están escritas mirando primero a México, que es donde está el grueso de las búsquedas, y cuando una palabra es de un solo país la nota lo dice. Si lo que ha entrado por tu puerta es un gato, la lista de gatos negros ordena cien nombres por pelaje, folclore y suerte, que es otro problema distinto. Y si el animal es de ficción, el generador de gatos guerreros suelda un prefijo con un sufijo como en los libros, que es algo que una lista escrita a mano no puede hacer.
Más cosas de Nick Zoo
El resto del sitio, una tarjeta por grupo. Las páginas de lista están escritas a mano, para las personas y los animales de tu vida; los generadores construyen nombres de personajes, equipos y lugares.