Generador de nombres de pueblos, ciudades y aldeas
Elige el tamaño del sitio y pulsa generar: aldea, pueblo, ciudad, costa o aldea de fantasía, cada uno con sus propios patrones y no un solo saco con cinco etiquetas encima. Debajo hay cincuenta nombres de pueblos y ciudades elegidos a mano, diez por cada modo.
El modo decide la forma y el número decide la tanda. Guarda el enlace y vuelven los mismos sitios en el mismo orden. Número de tanda 154688
50 nombres de pueblos, ciudades y aldeas elegidos a mano
Diez nombres para cada uno de los cinco modos de arriba, con una nota sobre lo que significan las piezas y sobre qué clase de sitio está prometiendo el nombre.
10 nombres de aldeas y pedanías
Sitios pequeños, nombrados como se nombraron de verdad los sitios pequeños: una planta, un sufijo que dice que hay muchas y detrás una coda que solo existe porque hay otra aldea igual dos leguas más allá.
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Un robledillo es un robledal chico, y el de Abajo confirma lo que ya se sospechaba: hay un Robledillo de Arriba con la iglesia buena y el cura fijo.
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Una nava es una llanura entre montes y un páramo es tierra alta y pelada. Juntos nombran un sitio con horizonte por los cuatro lados y ni un árbol que lo corte.
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En español el santo va delante, no detrás como en inglés. Torralba es torre blanca, así que la parroquia se puso donde ya había algo que vigilar y se quedó con el nombre.
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Un soto es la arboleda del río y el diminutivo lo deja en cuatro chopos. La ribera repite el agua, que es lo único que este pueblo ha tenido siempre de sobra.
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El plural con artículo nombra lo que se ve al llegar: corrales antes que casas. La viña explica por qué se quedaron y por qué el pueblo entero desaparece en septiembre.
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Maderuelo es madera pequeña, un monte bajo que se cortaba a mano. Detrás de un santo lo que suena es una parroquia de leñadores con una fiesta muy corta.
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La higueruela es la higuera pequeña, la que crece sola en un ribazo. Del Camino significa que el pueblo está ahí por la ruta, y que se muere el día que la ruta cambie.
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El carrizo crece con los pies en el agua y una cañada es vía de ganado. El nombre avisa de las dos cosas: se hunde en invierno y huele a oveja en mayo.
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Zarzalejo es sitio de zarzas, o sea terreno que nadie quiso. De Arriba lo pone en la ladera, que en la sierra es donde se pone todo lo que no cabía abajo.
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Avellaneda son los avellanos, que estaban antes, y los olmos se plantaron a mano en la plaza. Dos árboles en un nombre suelen ser dos siglos de diferencia.
10 nombres de pueblos con oficio
Pueblos medianos que existen por un motivo concreto: un vado, un molino, una venta en el sitio justo. La segunda mitad del nombre casi siempre dice quién cobraba por ello.
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La forma más común del pueblo español: agua más árbol. La higuera marcaba la fuente desde lejos, que era exactamente para lo que se plantaba junto a los caminos.
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Un arriero movía carga con mulas y paraba donde hubiera cuadra. El mesón es el pueblo entero: nació como parada y nunca ha sabido hacer otra cosa.
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Adjetivo masculino detrás de cabecera masculina, que es la única manera de que concuerde. Bravo aplicado a un cerro no significa fiero, significa áspero de subir.
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Una atalaya es torre de vigilancia, así que el pueblo empezó siendo un puesto de guardia. La loba añade lo que se vigilaba de verdad, que no eran ejércitos.
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Dos oficios en un nombre indican que el molino cambió de manos. El herrero compró el salto de agua, y el pueblo sigue llamando al molino por su comprador.
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Las ventas de nieve guardaban hielo de invierno en pozos para venderlo en verano. Es un pueblo con una industria muerta metida dentro del nombre.
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Un batán golpeaba paño con mazos movidos por agua. Que el sitio se llame del Trigo y no del Paño dice que la tierra siempre mandó más que el taller.
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Las posadas se conocían por su cartel y no por su dueño, y la yegua era el cartel. Suena a parada de una noche, que es justo lo que fue durante trescientos años.
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Puerta nombra el hueco en la muralla o el paso entre dos sierras. La cruz que lo señalaba sigue en pie mucho después que la muralla y que el miedo.
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Un salto es una caída de agua aprovechable y hondo dice que está encajada. Nombre corto, dos sílabas tónicas seguidas, y suena a sitio difícil de sacar la cosecha.
10 nombres de ciudades grandes
Una ciudad no es una aldea con más casas y no se nombra igual. Aquí la segunda mitad ya no habla del paisaje sino de quién mandaba: una frontera, un cabildo, un obispo, o el apellido de quien firmó la fundación.
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La coda señorial es lo que convierte una raíz en ciudad: no dice dónde está, dice de quién fue. Un marquesado implica fuero, mercado propio y pleitos de siglos.
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De los Reyes marca ciudad de realengo, la que dependía de la corona y no de un señor. Esa diferencia decidía los impuestos y sigue decidiendo el orgullo local.
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La forma americana entera: la palabra que la fundó delante y el apellido del fundador detrás. Se lee en un segundo y funciona igual en Sonora que en Extremadura.
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De la Frontera fecha la ciudad sin decir el año: hubo una raya, hubo dos bandos y esta ciudad estaba en el filo. Ya no se lo quita del nombre nunca.
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Puerto delante de un apellido crea una ciudad portuaria de fundación y no un pueblo de pescadores. La diferencia está en que hubo un plano antes que un muelle.
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Colonia nombra una fundación planificada, con calles en cuadrícula y lotes repartidos. El apellido es el del que repartió, y por eso acaba dando nombre a la plaza.
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De las Cortes solo lo lleva una ciudad con voto, y solo unas pocas llegaron a tenerlo. Es la coda más presumida de todo el pool y conviene gastarla poco.
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Un ingenio era una fábrica de azúcar con su propia población alrededor. Ciudades enteras del Caribe empezaron así, y el nombre no deja de recordarlo.
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El concejo era el gobierno del vecindario. Una ciudad que se nombra por el suyo está presumiendo de no haber tenido señor, que era raro y salía caro.
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Nueva delante de un apellido funciona con cualquier género, igual que Nueva York. Implica que hay una Valdivia vieja, y que alguien se fue de ella con prisa.
10 nombres de costa y de río
Sitios nombrados por el agua que tienen delante. La cabecera dice cómo se entra y se sale: una rada aguanta el temporal, un varadero solo sirve para sacar la barca a pulso, una barra se cruza con marea alta y rezando.
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Un cabo se mete en el mar y se lleva todo el viento. El sargo es pez de roca, así que el fondo es duro y las redes de arrastre no han entrado nunca.
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La punta es más pequeña que el cabo y suele tener faro. La ballena no vivía allí: vino a morir, y de ahí salieron el nombre y el olor de un verano entero.
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La forma castellana de la villa de río, con el nombre del agua detrás. En español el río siempre es él, así que la contracción del es fija y no falla nunca.
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Una ensenada es abrigo natural, lo que convierte el nombre casi en una broma negra: el único sitio seguro de la costa se llama por el barco que no llegó.
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Un faro nombrado por lo único que puede derrotarlo. La niebla se come la luz y deja solo la sirena, y abajo se aprende a contar los segundos entre bramido y bramido.
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Los álamos crecen con los pies en el agua, así que la alameda ya anunciaba el río antes de que se lo añadieran al nombre. Suena a merienda y a puente de piedra.
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Malecón es palabra de puerto grande y de paseo marítimo. Ponerle un pulpo detrás lo baja de golpe al muelle de descarga, que es donde está de verdad.
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Una almadraba es un laberinto de redes fijas para el atún, y montarla exigía un pueblo entero. La caleta es lo que quedó cuando el atún dejó de pasar.
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Un peñón es roca aislada y sin refugio, buena para las aves y mala para todo lo demás. El cormorán seca allí las alas porque no tiene con quién discutirlo.
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Núcleo de interior más río grande. Es el patrón de media Castilla y funciona porque el río da la escala: un fresnedo cualquiera, pero en la ribera que importa.
10 nombres de aldeas de fantasía
Aldeas para un mapa de campaña, no reinos en miniatura, que es el error de siempre. Aquí se nombra por lo que le pasa a quien entra: una cárcava, un tremedal, un socavón, una zanja con historia.
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Un osario guarda huesos que ya nadie reclama y la ceniza dice que antes hubo fuego. El nombre cuenta dos catástrofes seguidas y ninguna reconstrucción.
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Un túmulo es una tumba con tierra encima, muy anterior a la aldea que creció al lado. Los cuervos llegaron después y se quedaron, que es lo que suelen hacer.
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Femenino con femenino: peña es ella y negra concuerda sin que el generador tenga que decidir nada. Dos palabras, sin preposición, y ya suena a sitio del que se avisa.
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Una cárcava es la zanja que abre el agua en la ladera cuando ya no queda hierba que la sujete. La ortiga es lo primero que vuelve, y a veces lo único.
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La zanja era la primera defensa que se cavaba, mucho antes que el muro. Que la llamen del Verdugo dice quién acabó usándola y para qué la usaba.
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Ciénaga ya es mal sitio y amarga lo remata: el agua se puede beber, pero solo una vez. Concordancia femenina limpia y ningún adjetivo suelto que pueda equivocarse.
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Un aljibe es el depósito del que bebe todo el pueblo, así que nombrarlo por la peste es señalar por dónde entró exactamente. Nadie ha vuelto a taparlo.
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Un boscaje espeso vale más que una muralla y cuesta bastante menos. El espino lo cierra por abajo, que es por donde entra de verdad la gente que no debe entrar.
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Muda aplicada a una grieta significa que no devuelve el eco, y eso solo pasa cuando el fondo está muy lejos o está muy lleno. Ninguna de las dos tranquiliza.
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Una braña es pasto alto de verano al que se sube con el ganado. Que sea yerma quiere decir que este año no se sube, y que el año pasado tampoco se subió.
¿Cómo se nombra un pueblo para que suene de verdad?
Nombra el motivo por el que el pueblo existe. Los sitios reales se llaman por un vado, un molino, una venta o un santo, así que elige primero esa mitad y pon delante un rasgo del terreno. Después ajusta la forma al tamaño, porque una coda de ciudad puesta sobre una aldea canta muchísimo.
Los nombres de lugar parecen invención libre y no lo son. Casi todo pueblo real se llama por un hecho práctico: el agua que se podía cruzar aquí, el molino que molía, el monte que se taló, el santo al que se dedicó la iglesia. Si inventas un sonido bonito sin ningún hecho debajo, el lector nota el hueco aunque no sepa explicar cuál es.
En español manda la forma, no el sufijo
El inglés resuelve esto soldando: Fernton, Oakley, Bramleyshaw. El español casi nunca suelda. Hace otras tres cosas y conviene saber cuál estás usando. Deriva con sufijo, y ahí manda la irregularidad: de roble sale robledo, de árbol sale arboleda, de encina sale encinar y de retama sale retamal, sin una sola regla que valga para las cuatro. Pone artículo y plural, que es la forma de Las Navas o Los Álamos y suena siempre a sitio pequeño. O engancha detrás un sintagma preposicional, que es el recurso más potente de los tres.
La coda no describe, distingue
De Arriba, de Abajo, del Monte, de la Vega, de la Frontera. Esa segunda mitad no está contando cómo es el pueblo: está diciendo que hay otro pueblo que se llama igual y que alguien tuvo que decidir cuál era cuál. Es historia gratis metida dentro de un nombre, y es lo que hace que un mapa inventado parezca habitado. Un mapa donde ningún nombre se parece a otro es un mapa que no ha usado nadie.
Y el género tiene que concordar
Aquí está el fallo que más se ve en los generadores traducidos. Villa Nuevo y Puerto Alta no son nombres raros: son nombres mal escritos. En este generador los adjetivos van en parejas de género y cada pareja está atada a un pool de un solo género, así que la concordancia no se comprueba, sencillamente no puede fallar. Con la contracción pasa lo mismo: donde el patrón escribe del, detrás solo hay palabras masculinas, y de el no aparece nunca.
Un pueblo no es un reino
Si lo que necesitas es el país donde está el pueblo, ese es otro trabajo con otras reglas, y lo hace el generador de nombres de reinos, que construye reinos, imperios y ducados. Conviene no mezclarlos en el mismo mapa: un reino lleva título y fórmula protocolaria, un pueblo lleva un rasgo del terreno y una coda, y confundir los dos registros es lo que hace que un mundo casero suene flojo.
Más generadores de nombres
Las mismas reglas de unión, otro género. Cada uno tiene su propia herramienta y sus propios cincuenta elegidos.