Generador de nombres de reinos
Pulsa generar para una tanda de reinos, imperios y ciudades estado, o baja directamente a los cincuenta nombres elegidos a mano. Salen en tres formas: una palabra inventada con cierre latino, esa misma palabra con una coletilla apositiva, o la fórmula protocolaria entera con su título delante.
El número que acompaña a la tanda es la tanda. Guarda el enlace y vuelven los mismos reinos en el mismo orden. Número de tanda 718930
50 nombres de reinos, del imperio al valle con corona
Ordenados a grandes rasgos por escala, con una nota sobre a qué clase de estado apunta cada nombre y qué pieza concreta lo está apuntando.
-
La forma más limpia del pool: dos sílabas de raíz y un cierre latino. Suena a reino con archivo, con cancillería y con la costumbre de fechar sus documentos.
-
La o central lo abre y lo vuelve lento de decir. Encaja con una monarquía vieja que ya no asusta a nadie pero sigue cobrando sus derechos de paso.
-
El sufijo itania es el de Lusitania y Turdetania, o sea el de las provincias que Roma nombró y que luego se fueron por su cuenta. Trae mil años puestos.
-
Cantabria detrás de una raíz suave. Se lee como un país de montaña que nunca fue conquistado del todo y que lo recuerda en cada conversación.
-
Empieza con un grupo áspero y termina en una sílaba fina. Ese contraste le va bien a un estado con ejército propio y muy pocos modales.
-
Cuatro sílabas que llenan un anuncio de heraldo sin correr. Un reino que se toma muy en serio a sí mismo y espera que los demás hagan lo mismo.
-
La z inicial es rara en un nombre de país y por eso pesa. Suena a reino fronterizo y antiguo, de los que aparecen en las crónicas antes que en los mapas.
-
La raíz cierra en n y el sufijo abre en i, que es la costura más suave que permite este fichero. El resultado es largo, ceremonial y fácil de decir deprisa.
-
Tres sílabas y ninguna consonante dura. Va bien con un reino pequeño famoso por su corte, su música y su absoluta irrelevancia militar.
-
Las dos oes lo redondean entero y le quitan filo. Un país comerciante, de los que prefieren pagar la guerra antes que tener que ir a ella.
-
Vas recuerda a lo vascón y uria lo estira hacia el latín. Reino de valles cerrados con lengua propia y una relación tirante con todos sus vecinos.
-
Todo son sílabas abiertas y ninguna consonante frena la palabra. Suena a monarquía costera y templada donde nunca ha pasado nada demasiado grave.
-
Gal recuerda a Galicia y uria lo alarga. Reino atlántico, lluvioso, con más clérigos que soldados y una catedral que costó tres generaciones.
-
La coletilla apositiva es puro español: no describe, fecha. Si hay una Selonia la Vieja, hubo una escisión y alguien se quedó con el nombre a medias.
-
Franca significaba exenta de impuestos, y esa exención era el motivo real de que la gente se mudara. El nombre es una oferta comercial de hace cuatro siglos.
-
Doliente aplicado a un país solo puede querer decir una cosa: hubo una peste o una derrota que nadie ha querido borrar del nombre oficial.
-
Adusta es seca y severa a la vez, y aquí sirve para las dos cosas, el clima y el carácter. Un reino de meseta que desconfía de lo que venga de fuera.
-
Invicta es el adjetivo más presumido del pool y solo se lo pone quien ganó algo grande una vez. Nadie comprueba nunca si sigue siendo verdad.
-
Dorada promete oro y casi siempre significa trigo. Un reino agrícola al que llamaron así los mercaderes y que acabó creyéndoselo del todo.
-
Postrera es la última, y en el nombre de un país eso suena a final de una lista de reinos que ya no existen. Sirve para el estado que sobrevive al suyo.
-
Un reino errante es el que perdió su territorio y conservó su corte. Es de las mejores premisas que puede tener un país dentro de una campaña.
-
Sagrada implica que la corona y el altar son la misma oficina. Cómodo de gobernar y muy incómodo de reformar, que es de donde salen las tramas.
-
Leal es un título que se concede, no que se toma: alguien se lo dio a Valorica por no cambiar de bando en el peor momento posible.
-
La coletilla épica es un número y un símbolo, que es como se cuenta un estado a sí mismo cuando quiere que le crean. Nueve soles son nueve provincias.
-
Siete vientos significa costa expuesta por todos los lados. Un país de puertos que gobierna poco tierra adentro y no lo lamenta demasiado.
-
Mil nombres es una manera elegante de decir que el país se ha llamado de muchas formas y ninguna duró. Confederación, casi con toda seguridad.
-
Doce estandartes son doce casas con voto. El nombre lleva dentro un parlamento y, por tanto, una crisis de sucesión permanente.
-
Cien inviernos cuentan la edad y el clima de una vez. Suena a reino que mide su historia en hambrunas en lugar de medirla en reyes.
-
Los sellos son documentos, así que este país presume de tratados y no de batallas. La diplomacia es lo que le queda cuando no tiene ejército.
-
Cuatro confines es decir que el país llega hasta donde llega el mapa. Lo dicen sobre todo los imperios que ya han empezado a encoger.
-
Ocho astros son astronomía, calendario y religión en la misma coletilla. Un reino que fecha sus guerras por el cielo y no por el rey que reinaba.
-
Tres juramentos son tres pueblos que pactaron y siguen recordándose el pacto. Los cantones se fundan así y se rompen exactamente igual.
-
La fórmula más sencilla que existe, y por eso funciona: el título hace todo el trabajo oficial y al nombre solo le queda sonar bien.
-
Los imperios de ficción suelen llevar nombres más cortos que los reinos que se tragaron, porque el nombre viaja en boca de gente que no lo eligió.
-
Un ducado depende de alguien y todo el mundo sabe de quién. Es el escalón donde nacen las tramas de lealtad, porque siempre hay un rey por encima.
-
Principado suena menor y muchas veces no lo es: media Europa la gobernaron príncipes que no rendían cuentas a ningún rey vivo.
-
El condado es la escala del mapa comarcal, no la del mapa del mundo. Perfecto cuando el grupo va a poder recorrerlo entero a caballo.
-
Señorío es la palabra más castellana de todas y trae dentro una relación personal: no se gobierna un territorio, se gobierna a unos vasallos concretos.
-
Un marqués mandaba en una marca, o sea en una frontera. El título entero es un aviso de que este sitio limita con algo que da problemas.
-
El gran ducado se inventó para los que eran demasiado ricos para ser duques y no tenían derecho a ser reyes. Suele ser el país más civilizado del mapa.
-
Virreinato dice que hay una metrópoli en otra parte y que aquí manda un delegado. Toda la tensión colonial cabe dentro de esa palabra sola.
-
Protectorado es un eufemismo y el lector lo sabe antes de que aparezca ningún funcionario. Sirve para que el gobierno caiga mal desde la primera página.
-
Una liga es un pacto entre ciudades para poner flota en común. Que todas hayan aceptado un solo nombre indica bastante bien quién pagó los barcos.
-
Serenísima es un tratamiento veneciano y es puro teatro: cuanto más larga la fórmula, más comerciante y menos serena suele ser la república.
-
El plural cambia la política entera. Aquí no hay corona: hay un acuerdo de aranceles y poco más, renovado cada año a regañadientes.
-
La fórmula se pone encima de la coletilla épica y desaparece el topónimo. Un reino sin nombre propio es un reino que se define por su símbolo.
-
Cinco mares es una exageración deliberada, y toda confederación necesita una. Suele ser lo único en lo que están de acuerdo los firmantes.
-
Dominios en plural implica que el territorio se juntó a trozos y no llegó a fundirse nunca. El nombre reconoce el problema en vez de disimularlo.
-
La fórmula más larga del fichero, y hay estados reales que se llamaron así. Cuando el nombre necesita seis palabras, el poder suele estar repartido.
-
Las marcas son siempre plurales y siempre disputadas. Cien yelmos son cien casas de frontera armadas, que es un ejército y también un problema.
¿Cómo se pone nombre a un reino de fantasía?
Decide primero qué es el sitio, porque el título ya cuenta la política: un señorío tiene vasallos, un protectorado tiene dueño y un ducado tiene alguien por encima. Después inventa una sola palabra con cierre latino y deja que el título haga el trabajo oficial.
El nombre de un reino tiene que hacer dos cosas a la vez. Tiene que sonar elegido por la gente que vive allí, y tiene que aguantar que lo diga en voz alta toda la mesa durante seis meses. Casi todos los reinos inventados fallan en lo segundo: se leen bien y se convierten en un murmullo en cuanto alguien tiene que preguntar en qué frontera está.
El español no suelda, titula
El inglés resuelve esto pegando dos palabras: Frosthold, Ironvale, Silvercrest. En español eso no se hace, y las pocas veces que se intenta el resultado se nota traducido. Lo que este idioma tiene y el otro no es un aparato de títulos enorme y muy preciso. Reino, imperio, ducado, condado, marquesado, señorío, virreinato, merindad, mancomunidad, serenísima república: cada uno describe una manera distinta de mandar, y elegir uno decide media ambientación antes de escribir la primera escena.
La coletilla que fecha en vez de describir
La Vieja, la Franca, la Invicta, la Doliente. Esa aposición es la segunda herramienta española y no tiene equivalente cómodo en inglés. No cuenta cómo es el país: cuenta algo que le pasó. Si existe una Salonia la Vieja, hubo una escisión. Si un sitio es franco, es que alguien lo eximió de impuestos para repoblarlo. Un nombre así lleva dentro un acontecimiento, y un mapa lleno de ellos parece un mapa con pasado.
Un reino no es un pueblo
Los dos se nombran con reglas distintas y conviene no mezclarlas. Un estado toma título y fórmula; un asentamiento toma un rasgo del terreno y una coda que lo distingue del pueblo vecino. Si lo que necesitas es la aldea, la villa o la ciudad portuaria donde de verdad pasa la escena, eso lo hace el generador de nombres de pueblos, ciudades y aldeas, que trabaja con vocabulario completamente distinto al de esta página.
Y antes de dar un nombre por bueno, dilo una vez deprisa. Lo que necesite dos intentos lo van a acortar igualmente en la mesa, y la forma corta no vas a elegirla tú.
Más generadores de nombres
Las mismas reglas de unión, otro género. Cada uno tiene su propia herramienta y sus propios cincuenta elegidos.